El pasado día 29 de enero, en algunos medios locales de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, como en notisitema.com y en el diario NTR, en notas firmadas por Víctor Montes Rentería y Nancy Ángel, respectivamente, se informa que en la clínica 89 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se habían suspendido las sesiones de hemodiálisis, por lo que al menos 100 pacientes dejaron de recibir atención.
Sin embargo, el mismo instituto de Salud respondió que no era así, pues a varios de los pacientes se les estuvo atendiendo en forma subrogada en la empresa Servicios Especiales de Nefrología (SANEFRO) y que lo que se había llevado a cabo en la clínica 89 fue que se remodeló la sala de hemodiálisis y se instalaron aparatos nuevos para el propósito y que la atención sigue, aunque en turnos diferidos durante las 24 horas del día quedando aún temas pendientes con los pacientes con problemas renales.
Este hospital general de zona conocido como clínica 89 fue el hospital de la otrora orgullosa ruta de la costa occidental, el Ferrocarril del Pacífico, S.A. de C.V. (FCP), línea ferroviaria que contaba con otros dos hospitales: uno en Mazatlán, Sinaloa, y otro en Empalme, Sonora. Hospitales construidos con aportaciones de la empresa y los trabajadores, a los que, por cierto, se les descontaban mediante nómina cuatro pesos por quincena; hasta que se integró la atención médica de los empleados ferroviarios al IMSS en enero de 1982.
Este hospital que hoy es la clínica 89 se inauguró a principios de la década de 1960, y se sitúa por la avenida Circunvalación Agustín Yáñez, entre la calle Colonias y avenida Chapultepec, en la colonia Moderna; el anterior estuvo en la misma colonia, pero en la calle Francia esquina con Escobedo, calle que desapareció para dar paso a la calzada del Federalismo.
Así que este hospital que hoy pertenece al IMSS tiene ya más de 60 años de antigüedad y, a pesar de haber estado recibiendo remodelaciones constantes, tal vez necesita otras más, como ahora en el tema que nos atañe: la sala de hemodiálisis, pues por lo que se ve y se informa, cada día crece más el número de pacientes con males renales.
En su tiempo de servicio para los trabajadores ferroviarios llegó a contar con buenas instalaciones para todos los servicios, con un sistema personalizado y sin demoras en cualquier tipo de atención médica, desde consultas, análisis de laboratorio, revisiones con especialistas y hasta intervenciones quirúrgicas; todo era prácticamente sin pérdidas de tiempo ni tener que dar varias vueltas para las citas correspondientes. Sin embargo, como nada es para siempre, todo acabó cuando los ferrocarrileros pasaron a formar parte del régimen obligatorio de Salud del IMSS.
Este hospital cuando fue del FCP contó con guardería para los hijos de los trabajadores, así como una escuela de enfermería y su respectivo internado para estudiantes que llegaban de Mazatlán y Empalme. En esta escuela de enfermería llegaron a estudia hijas e hijos de los trabajadores ferroviarios, aunque también recibía estudiantes que no pertenecieran a la gran familia ferrocarrilera.
Cuando se entregaron las instalaciones hospitalarias del FCP al IMSS, la guardería siguió funcionando, pero la escuela de enfermería pasó a ser administrada por la Universidad de Guadalajara (UdeG); sin embargo, al parecer el internado sí desapareció.
Cuando se corrió la voz de que los trabajadores ferroviarios pasarían al IMSS de inmediato se levantaron voces de protesta entre la mayoría de los ferrocarrileros debido a que, como la mayoría de los trabajadores tenían familiares, conocidos y vecinos que se atendían en el IMSS oían y sabían del viacrucis que sufrían para lograr ser atendidos, por lo que, esa mayoría que se oponía a pasar al IMSS preferían la salud a cualquier otra cosa, porque se sabía y entendía que la atención ya no sería la misma; tal y como ocurrió, pues hoy en día aquel hospital con atención personalizada ahora deja mucho qué desear en cuanto a atención se refiere, pues pasa lo mismo que en la mayoría de los hospitales no nada más del IMSS, sino del ISSSTE también debido al exceso de pacientes que tiene que ser atendidos hasta en los pasillos y no en camas, sino en sillas e incluso hasta en el suelo.
Pero como se dice coloquialmente: no hay mal que por bien no venga, ya que, de no haber pasado la gran familia ferrocarrilera al régimen de salud y de seguridad social del IMSS, ahora los ferrocarrileros no contaran con su pensión mensual.
Sea pues. Vale.