Como en Shakespeare, la presidenta Claudia Shinbaum Pardo descubrió que en materia de salud algo estaba podrido en Dinamarca durante el sexenio pasado. Por eso su sentencia contundente: lo veo yo.
Desde el principio del argumento lopezobradorista se supo con claridad que se trataba justamente de una demagogia barata: el sistema monárquico de Dinamarca dedica casi el 10% de su PIB a la salud y lo financia con un modelo fiscal aceptado por la sociedad y libre de cualquier corrupción; en cambio, el gobierno mexicano sigue dedicando 2% del PIB a salud con el dato de que la Organización Mundial de la Salud que hoy hospeda nada menos que al desprestigiado subsecretario Hugo López Gatell recomienda un mínimo de 5% de gasto y la OCDE eleva el límite a 10%.
Pero la demagogia se ha extendido transexenalmente: en medio del discurso festivo de que la política económica presuntamente antineoliberal de la 4T está potenciando los salarios como un motor de la actividad productiva y los está aumentando muy arriba de la inflación, los trabajadores del Seguro Social rechazaron el 2.9% de aumento salarial directo, abajo del 3.7% de inflación anual.
La crisis en el sector salud con personal médico sobreexplotado y sacrificado en sus salarios y un crecimiento de las necesidades de cobertura casi universal de la salud los 130 millones de mexicanos atrapó al gobierno y a la Dirección General del IMSS fuera de base y creyendo que el control corporativo sobre el sindicalismo del sector salud era suficiente para someter a los trabajadores y empleados a la doctrina neoliberal de no aumentar salarios para no presionar el alza de los precios, tal y como lo ha estado exigiendo y logrando el Fondo Monetario Internacional.
La estrategia mexicana en materia de bienestar ha sustituido la atención directa a situaciones de enfermedades y prácticamente todo el dinero presupuestal se está dedicando a dos rubros que fueron prioridad heredada y de cumplimiento obligatorio del Gobierno del presidente López Obrador: el billón de pesos anuales de dinero regalado y entregado directamente a beneficiarios, sumados a los más de 244 mil millones de pesos que están etiquetados en el Presupuesto de Egresos de 2027 como subsidios a los principales proyectos de inversión del sexenio pasado.
La administración del presidente López Obrador destinó casi 850 mil millones de pesos a la construcción de las siete principales obras: el Tren Maya, la refinería de 2 Bocas, la cancelación del aeropuerto de Texcoco, el aeropuerto Felipe Ángeles, el Tren Interoceánico, el gas bienestar y la megafarmacia. Si las ideas estaban concebidas en un contexto de modernización productiva, el problema fue que el ejercicio presupuestal en estos rubros redujo los fondos para atender las necesidades de cobertura del gasto social tradicional.
La crisis en el sector salud no es acreditable a la responsabilidad de los gobiernos de la 4T, sino que provienen de decisiones políticas estratégicas que el régimen del PRI y del PRIAN asumieron de manera burocrática y sin atender la parte fundamental de toda decisión de gasto público: el origen sano de los recursos, vigilar los abusos en sobregiros de inversión y sobre todo no tapar un hoyo de necesidad de servicios sociales a costa de destapar muchos otros hoyos que se convirtieron en necesidades insatisfechas y desde luego en factores de protesta social.
La presidenta Sheinbaum entró el fin de semana al tema, aunque lo hizo con el cuidado de suponer que la crisis nació la semana pasada con un aumento salarial rechazado por los trabajadores del IMSS y sin entender que la nueva fase de la crisis del sector salud fue motivada por el recorte de gasto a esas tareas fundamentales del bienestar y desde luego al discurso demagógico de que México iba a dinamarquizar el sector salud sin tener idea de cómo se pasaría el gasto en esa área social del 2% al 10% que Dinamarca destina con recursos fiscales sanos y apoyados por la sociedad, y ahí el pantano de la justificación de discursos porque la prioridad hoy es, antes que resolver el tema del gasto social en salud y de los salarios del personal de ese sector, desdinamarquizar el argumento de dinamarquización de la salud mexicana para llevarla al nivel del primer mundo.
La crisis salarial en el Seguro Social tiene el subyacente de todo el colapso de los trabajadores del sector salud en general y la estrategia actual de Palacio Nacional está siguiendo puntualmente el modelo del presidente Gustavo Díaz Ordaz en la crisis 1964-1965: imponer soluciones autoritarias.
Política para dummies: la política es el punto más sensible de la sociedad.
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