Recientemente se ha incrementado la información respecto a que cada día ha aumentado la presencia de cocodrilos en playas del noroeste mexicano, específicamente en, Puerto Vallarta, Jalisco, y también en algunas playas de Nayarit y hasta en el bello puerto de Mazatlán, Sinaloa; lo que ha generado algún tipo de psicosis tanto en población local como en turistas nacionales y extranjeros.
En las redes sociales, así como en portales de internet de medios de información a nivelación local y nacional y, posiblemente hasta internacional se llegó a viralizar la noticia de un cocodrilo que atrapó y ahogó a un joven de 28 años de edad procedente de la Ciudad de México, en un punto denominado como, Marina Vallarta, en el pasado mes de junio del año en curso, lo que encendió las alarmas más, porque ya desde antes se había informado sobre la presencia y otros incidentes con cocodrilos que afectaron a algunas personas en mayor y menor medida; pero el temor aumentó considerablemente más entre las poblaciones locales en donde se detectó la presencia de este tipo de reptiles.
El problema es que ya más recientemente se ha informado de que se han encontrado por lo menos 11 lagartos adultos muertos en playas de Puerto Vallarta, por lo que hay quienes afirman que esto se debe o se atribuye precisamente a la muerte de aquel joven de 28 años de edad y, de que algunas personas tratan de remediar la presencia de los reptiles que, lo único que buscan en su ancestral hábitat.
Así que, en cuanto a hábitats se refiere, no nada más lo hacen los cocodrilos, sino también otras especies, como cuando se informa de que varios osos invaden colonias o fraccionamientos en la zona conurbada de la ciudad de Monterrey, Nuelo León. Sin embargo, no es que invadan al quedar en evidencia quién invadió a quién, porque de acuerdo a lo que se documentado al respecto, las zonas que hoy ocupan asentamientos humanos anteriormente era el hábitat de esos osos y otras especies a los que de acuerdo a su genética detectan aquellos lugares hoy llenos de seres humanos antes era lo suyo designado por la Naturaleza.
Todavía hasta finales de los años 70 del siglo pasado, cuando en la ciudad de Tepic aún no se expandía la mancha urbana tal y como luce hoy, en cuanto oscurecía y se encendían las lámparas del alumbrado público o los focos en algunas de las puertas de las casas de la periferia, estas lámparas y focos se comenzaban a llenar de una gran cantidad de insectos pululando alrededor de las luminarias y más, en temporadas de lluvias cuando entre esos insectos aparecían las temidas ízas -así conocidas y mencionadas por tepiqueñas y tepiqueños- que, eran unos animales parecidos a cucarachas enormes de color negro con un resistente caparazón resistente a las pisadas, de las que se decía que su picadura o mordedura pudría la carne necrosándola como una especie de gangrena muy difícil de curar.
Los andenes de la estación del ferrocarril, al oriente del centro de la capital nayarita, se tapizaban con estos insectos unos volando y otros en el piso, lo mismo por la avenida prolongación Allende, tanto en los carriles de circulación de vehículos como las banquetas a ambos lados de esta calle debido a que en aquel tiempo las inmediaciones de dicha estación ferroviaria eran las afueras de la ciudad, pues no existía aún la colonia Tierra y libertad y el río Mololoa estaba más cercano a la estación.
Hoy en día ya no se ven esas andanadas de insectos ni en tiempos de lluvias, pues al parecer les huyen a los asentamientos humanos tal vez porque no quieren tener ninguna relación con los seres humanos por lo dañina que es esta especie humana.
Hace años, en una conferencia en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, oí decir a un exponente que las demás especies le huyen al humano y que no lo atacan a menos que se por defenderse, pero jamás por gusto como lo hacen algunos humanos con otras especies. Dijo este expositor que, si algún felino detecta la presencia de algún humano cerca de él, de inmediato se aleja en sentido contrario, lo mismo que hacen otras especies como tejones, mapaches, zarigüeyas en incluso reptiles y, desde luego, las aves grandes y pequeñas. Añadió que es obvio que, por hambre algún animal de uña (sic) sí se podría abalanzar sobre un ser humano, pero sería muy raro, porque los humanos no forman parte cotidiana de su menú.
Este expositor abundó diciendo que las demás especies algo intuyen en la humanidad, pues por algo por donde pasa el humano la yerba ya no crece.
Sea pues. Vale.