Debido a la euforia futbolística por el certamen mundial actual, la acción de dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Alejandro Moreno Cárdenas, más conocido en el bajo mundo de la política como Alito; quien no ceja en su empeño de acusar cada vez más tanto a la administración de la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo; pero más al partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) como narco presidenta y narco partido, respectivamente, me hizo recordar una anécdota sucedida allá como a finales de la década de 1960.
Resulta que un delantero de las Chivas Rayadas del Guadalajara, de nombre, Javier Valdivia, recibe una falta de un jugador contrario; el árbitro sanciona esa falta y, en cuanto da la espalda a los jugadores de la falta indicando que continuara el partido, Valdivia le propina un golpe al que le había hecho la falta y, antes de que el jugador que recibió el golpe reaccionara de alguna forma, Valdivia corre detrás del árbitro llamando su atención indicándole que el otro jugador lo quería golpear, por lo que el árbitro le muestra una tarjeta al supuesto agresor. No recuerdo si era amarilla o roja esa tarjeta, pues ya es como un recuerdo entre sueños debido a la cantidad de años que han pasado.
Esta anécdota, en cierta forma tiene un rasgo de similitud con la acción de Alito, pues posiblemente acusa mirándose en un espejo tanto una imagen de él mismo como de su propio partido y demás seguidores y aliados al acusar a Morena de ser un narco partido, siendo que, en gran parte del recuerdo colectivo nacional, así como la impresión que se tiene del PRI y ya más reciente del Partido Acción Nacional (PAN), de que los denominados grupos criminales cárteles y delincuencia organizada, estos crecieron y se fortalecieron aún más tanto en la era homogénea y panista; y no como ahora acusa Alito que nada más repite lo que se ha dicho desde siempre de aquellas épocas y que ahora nada más les cambia de nombre gritando como el ratero que comete un asalto y, para desviar la atención va por la calle gritando: ¡al ladrón, al ladrón!
Está más que documentado que el tema del narcotráfico en nuestro país no es nada nuevo, a pesar de que Alito y otros detractores y denostadores de la actual administración federal, así como de la anterior, así lo quieran hacer creer, como si fuera algo que nació y creció a partir del 1 de diciembre de 2018; siendo que, de acuerdo a lo dicho por el periodista, Francisco Cruz Jiménez, Abelardo L. Rodríguez, siendo militar y luego gobernador del territorio norte de Baja California, allá por 1920, aprendió el negocio del tráfico de opio, así como enviar licor al vecino país del norte aprovechando la implantación de la ley seca en aquel país y, se dice que él, Abelardo L. Rodríguez, siguió con estas actividades ya siendo presidente de México (1932-1934), por lo que a este personaje sí se le puede decir claramente como el primer narco presidente.
Así que no hay nada nuevo bajo el Sol en cuestión de narcotráfico ni de grupos criminales. Así que, tal vez lo que esté pasando es que Alito lo único que hace es poner en práctica lo que muchas veces poner tanto políticos como grandes personajes con poder económico que se dicen los más acérrimos homofóbicos y que despotrican abierta y públicamente en contra de las personas con preferencias sexuales muy suyas y, que después se descubre a estos supuestos homofóbicos en situaciones muy comprometedoras; sobre todo y más, de aquellas personas que, aparte de aparentemente atacar la homosexualidad, también se pronuncian contra el consumo de drogas y, luego aparecen fotografías de estas personas consumiendo drogas en un cuarto de hotel en compañía de personas de su mismo sexo ambos desnudos.
Lo que tratan de hacer Alito y demás personas que ahora acusan a la actual administración federal y a Morena de estar coludidos con el narcotráfico es querer tapar el Sol con un dedo queriendo embarrar con la mancha de lodo en el que desde siempre han estado inmersos; en lo que han convivido abiertamente y que ahora tratan de voltear la tortilla tal vez parodiando a Sor Juna Inés de la Cruz: acusáis de lo que son a los demás.
De acuerdo a las acusaciones que pesan sobre el dirigente nacional del PRI, ¿Alito tiene la calidad moral para acusar a otros de corrupción? ¿De narcotráfico a pesar de que varios de sus correligionarios y otros tantos del PAN están hundidos hasta el cuello y más allá en cuestiones de narcotráfico y otras cosas malas?
Sea pues. Vale.