Prácticamente a diario aparecen en las redes sociales videos y mensajes referentes al posible daño que podrían generar a niñas y niños en la primera infancia, ya que en cierta forma afectaría el desarrollo del lenguaje, la capacidad de atención, habilidades sociales, el bloqueo de la imaginación, así como problemas con calidad del sueño.
Desde luego que es un tema importante y más, porque se ha documentado que varios padres de familia recurren a darles un teléfono móvil a sus hijos con el fin de que supuestamente se entretengan, pero más para ya no los estén molestando o interrumpiendo sus habituales rutinas.
Y, tan importante es este tema que ya hasta llegó a la conferencia del pueblo que ofrece a diario la presidenta, Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), quien advirtió que el uso excesivo de celulares y tabletas ya es un problema de salud pública, pues genera adicción y ansiedad no nada más en los infantes, sino hasta el la adolescencia y juventud. Así que, públicamente ha propuesto abrir un debate nacional para regular el uso de estos aparatos entre los menores de edad; e incluso, CSP instó para que los padres de familia promuevan entre sus hijos que vuelvan a practicarse los juegos infantiles de antaño, así como insistir en el hábito de la lectura, que en sí, no se prohíba en forma definitiva el uso de celulares y pantallas, sino establecer un límite de uso para después, llevar a cabo aquellos juegos que la mayoría de los adultos de hoy llegaron a practicar en su infancia.
Es un hecho que el uso de teléfonos móviles, tabletas, laptops y computadoras de escritorio se ha extendido considerablemente a tal grado que hoy en día para muchas personas se les haría casi imposible no tener acceso a estos aparatos electrónicos debido a que ahora su uso conlleva para realizar transacciones comerciales, cuentas bancarias, datos didácticos y, desde luego, comunicación de todo tipo tanto familiares como comerciales y de estudios y un largo etcétera que representa hoy en día el uso de estos aparatos de comunicación.
Sin embargo, ya se ha documentado que en la primera infancia y hasta la adolescencia el uso de esta tecnología podría dañar en cierta forma la capacidad de pensar, discernir e imaginar e incluso, hasta personas de más edad, por la posibilidad de distraerlas de lo que están haciendo en determinado momento; un claro ejemplo es que se ha comprobado que muchos de los accidentes de tránsito se han ocasionado por la distracción al mirar un teléfono móvil.
Esto de perder la capacidad de pensar, discernir y de imaginar, me hizo recordar cuando un compañero ferroviario nacido a finales de los años 20 del siglo pasado o principios de los años 30, se refirió alguna vez a quienes éramos jóvenes veinteañeros que la televisión nos había dañado esa capacidad, pues ya no intuíamos los movimientos a seguir al estar formando trenes en el patio de maniobras a menos que se nos dijera qué hacer, pues ya no se nos daba la iniciativa natural; y todo, por la televisión que ya nos había arrebatado la intuición.
Personas que nacieron a finales del siglo XIX y principios del XX, como mis abuelos, llegaron a comentar que, cuando niños se acostumbraba sentarse alrededor de sus mayores alumbrados por velas o quinqués para oír cuentos y leyendas que los hacían imaginar todo aquello que oían de sus ancestros.
Y, para aquellas personas que nacieron ya en los años 20 y 30 cuando la radio comenzaba a oírse y, con la emisión de las radionovelas se imaginaban lo que en esos programas se trasmitía como cuando se decía que un jinete iba por la ladera de una montaña al lado de un abismo y que su caballo podría tropezar o resbalar y caer al precipicio, etcétera. Así que, todos estos señalamientos a través de la voz en la radio hacían que se desarrollara la imaginación a tal grado que pareciera que quienes estaban oyendo lo estaban viendo a la vez.
Algo similar sucede con la lectura no nada más en los libros didácticos, sino de novelas y aventuras que, al estar inmersos en la lectura mentalmente se miran los paisajes y situaciones que se están leyendo, imaginándose físicamente a los protagonistas ajustándolos con actrices y actores que más o menos compaginan con alguien que se vio en alguna película o serie de televisión.
De ahí que sea muy importante fomentar el hábito de la lectura a las nuevas generaciones, así como oír la radio, y limitar y regularizar en la infancia el uso de los móviles, tabletas, pantallas y programas televisivos de dudosa calidad.
Sea pues. Vale.