Cuando niño, papá solía prometer y no cumplirme, me decía que sí a muchas cosas para darme cuerda pero me mandaba a la v En cambio, mi madre siempre me escuchaba con mucha atención lo que le contase o solicitare, al tiempo, según la necesidad, veía respuesta; un regalito, alguna salida u ocurrencia mía –lo admito, fui un niño muy mimado hasta el divorcio de mis padres- ella no prometía muchas cosas, salvo cuando llegaba su amenazante promesa de te voy a chingar, Edgar Germán Arellano Jiménez y en ocasiones no terminaba la oración cuando ya me estaba pegando una chancla voladora o un manotazo firme donde me agarrara –nunca en la cara salvo un par de ocasiones que le decepcioné, pero esas no son la historia de hoy- Desde ahí aprendí que: si una mujer te promete algo, seguro te cumple y ten cuidado.
En la historia de Nayarit hemos visto cómo los hombres han hecho de todo para hacerse con algún cargo o puesto de elección popular: Alianzas, traiciones y hasta la muerte misma han llegado.
Dan su palabra en discursos públicos y privados sin discreción, y una vez logran su objetivo, dejan lo demás al olvido. Baquetones así les puedo mencionar muchos, tengo bastas experiencias personales de pelafustanes que te ofrecen hasta las nalgas –no miento- para que los apoyes en sus campañas y cuando llegan se hacen los que la virgen les habla con lo que te prometieron.
A lo largo de mi vida en la política he tenido muchos amigos, los entrecomillo porque las circunstancias, tiempo y la realidad me han demostrado que ellos no eran mis amigos, sólo aliados circunstanciales u amigos instrumentales y con pesar confieso: todos coincidimos en algo; en algún punto de nuestras vidas nos hemos prometido mutuamente cosas/acciones que nunca las cumplimos o las aplazamos hasta sin razón, y de las traiciones, desaires y dolores, mejor ni les cuento y claro, también hay caballeros, verdadera amistad, lealtad y cariño, contados son los casos, pero me siento agradecido
En cambio, mis amigas siempre han sido más selectas; pocas tengo, quizá por su propia naturaleza, pero todas auténticas; y claro, también hay sinsabores y desaires más rara vez se prometió algo que no se cumplió, claro, hay un par que quedaron con pendientes que nunca cumplieron pero oh, well la gráfica no podía ser perfecta. Entonces he aprendido: Nunca confíes del todo en tus amigos, tus amigas son más confiables, pero como me decía la abuela a las mujeres ni todo el amor ni todo el dinero hay algunas que pueden fallarte.
La gente me pregunta –como si yo supiera de esto- que quién va a ser el bueno para la gubernatura. No lo sé, pero sin miedo a equivocarme les digo: De los perfilados que van, prefiero y siento que le toca a una mujer, aunque decirlo me duela porque el Gallo Rojo es mi amigo.
Y no me lo tomen a mal, tanto Héctor como Pável también son mis amigos, o al menos así les considero yo, les he apoyado casi desde el inicio de sus carreras y no me lo pueden negar, y como los verdaderos amigos nos decimos la verdad –arriesgándome a perder su amistad, algo les he de contar: los tres cabrones cojeamos de la misma pata; nos gusta empeñar la palabra y ocasionalmente alargarla lo más posible, a veces por otras prioridades, quizá por falta de recurso, dificultad de la gestión e incluso mera pereza, pero nos encanta comprometernos, decir que sí a lo pendejo y no cumplir, cosa que nos cuesta cara, pues perdemos credibilidad, centavos, amigos y favores. Y en lo que a mis amigas damas relevantes en la política respecta, Geraldine, Jasmín, mi admirada Elizabeth y Andrea, cuando se comprometen en algo contigo y te dan su palabra, rapidito alguien de su gente se comunica para atender tu gestión y acompañarte hasta resolverlo y por ello, tienen toda mi admiración, respeto, cariño, inclinación y preferencia. Por esas razones concluyo: la palabra de una mujer vale más.
Para cerrar les contaría un par más, de una gestión que una respetable dama me resolvió en días, a comparación de un amigo que le pedí el favor y me dio largas por meses y otro que prometió apoyar y es puro pájaro nalgón para dar pero ya fue mucho texto, para otra ocasión será.
Famosas últimas Palabras: Parafraseando la canción del potrillo: Yo no soy de esos que se sienten superior a la mujer, yo me declaro dócilmente dominado, y como dice la canción no hay en el mundo ni un varón que por amor (o temor) a una mujer, no haya lloradoooo