Ante la reforma electoral que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo (CSP), enviará el próximo lunes al Congreso de la Unión, se ve claramente que el punto más álgido y que ha levantado más ámpula no nada más entre la oposición, sino hasta integrantes del partido Morena, pero más aún en los partidos que últimamente han conformado alianzas con el partido en el Poder Ejecutivo, son los cargos plurinominales, es decir, de representación proporcional.
Así que bien dice nuestra Presidenta que será el electorado quien se dará cuenta ya más claramente de algo que ya se sabe: cómo masca la iguana con varios de los políticos que renieguen de esta reforma electoral, supuestos políticos que, obviamente, nada más buscan sus propios privilegios y que no se pueden llamar políticos en sí como representantes populares, sino acomodaticios acostumbrados a llegar a una curul o un escaño cómodamente y sin ensuciarse los zapatos siquiera.
Y precisamente estos cargos plurinominales han estado siendo el tema de más peso, claro que aparte de la reducción económica a los partidos políticos, así como al Instituto Nacional Electoral (INE) y, desde luego, a las dependencias de este instituto electoral a nivel estatal de los que se ha dicho constantemente, también salen muy caros al erario y más, porque de acuerdo a lo dicho por la misma presidenta CSP, hay consejeros electorales y hasta dirigentes de este instituto que ganan más que ella.
Pero también quienes se han puesto a temblar son quienes al menos como consuelo se conforman con una regiduría, ya que se tiene contemplado en esta reforma reducir el número de regidores en todos los municipios, ya que muchas de las personas que ocupan estos cargos lo hacen para su propio beneficio sin cuestionar las acciones de sus presidentes municipales; es decir, que no le les ponen ningún alto a las iniciativas o programas emprendidos por las cabezas de los cabildos, así se noten abiertamente varias anomalías.
El clamor ciudadano casi en forma generalizada se ha pronunciado constantemente en contra de los cargos plurinominales por ya no cumplir el cometido para el que fueron creados estos representantes en forma proporcional, porque en sí no representan a nadie más que a sí mismos y a quien o quienes les deben ese cargo ya sea por amiguismo, compadrazgo, en forma sentimental o simple y sencillamente para pagar algún favor; aunque también se ha dicho que también para tener una entrada extra de dinero para quien puso en las listas de plurinominales con la advertencia de tenerles que dar un tanto por ciento de lo que gane un diputado o senador, pues al fin y al cabo, en otra parte jamás ganarían un sueldo como diputado o senador y sin hacer prácticamente nada, sino únicamente con levantar el dedo acatando lo que les diga su dirigente de bancada acatando así una línea ya prestablecida de antemano.
Un verdadero político serio y que se precie de serlo ya no aceptaría por nada del mundo que sigan existiendo los cargos de representación proporcional, pues si bien en su momento fue necesaria su creación para darle voz a los partidos minoritarios o que prácticamente se la pasaban más en la clandestinidad sin ser reconocidos, como el Partido Comunista Mexicano y otras agrupaciones de origen obrero y campesino o populares en sí, hoy en día ya no son necesarios por haber ya representación de todas las ideologías en el Congreso de la Unión.
Como uno de los principales problemas para que se pueda aprobar esta reforma electoral era la eliminación de los cargos plurinominales, tal vez por eso ahora se dice que seguirán los mismos 500 diputaciones: 300 por voto tradicional y los 200 que se pretendían desaparecer se quedan, con la salvedad de que, quienes aspiren a estos cargos plurinominales también tendrán que hacer campaña política buscando el voto popular y, esto, obviamente que tampoco les ha parecido bien a esos políticos convenencieros y acomodaticios acostumbrados a esperar cómodamente los resultados y, desde luego, estar en las listas conformadas por las dirigencias de sus partidos.
Lo que sí es un hecho que es seguro que pase es que, en caso de que el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista se nieguen a aprobar esta reforma electoral y se desprendan de la alianza con Morena queden a la deriva y desaparezcan del mapa político al no obtener el mínimo requerido de los votos para seguir con vida, convirtiéndose en cadáveres políticos como el PRD y otros ya desaparecidos por falta de votos.
Sea pues. Vale.